sábado, 22 de marzo de 2014

Las Colonias Escolares




Con la renovación educativa que comenzó a finales del siglo XIX, se creía necesario un desarrollo físico adecuado para el correcto crecimiento del niño/a. Se propusieron mejoras en las escuelas, se incluyeron programas de gimnasia, de juegos educativos… todo ello fue muy positivo, pero se necesitaba algo más para alcanzar un mayor cambio a la hora de incluir educación y actividad física, y para incluir a niños/as de procedencia más humilde que no alcanzaban niveles de higiene y alimentación óptimos.

Para el mejor funcionamiento de ese tándem y tras varios experimentos previos de la mano de los intelectuales ligados a la Institución Libre de Enseñanza, en el año 1887 se llevó a cabo la primera Colonia Escolar en San Vicente de la Barquera, Cantabria, de la mano de  Manuel Bartolomé Cossío.

En este tipo de experiencias se pretendía crear un ambiente de libertad, con juegos, excursiones y trabajos al aire libre, donde los niños/as pudieran construir un conocimiento propio.

Posteriormente se estudiaron las consecuencias de estas Colonias, se vieron sus beneficios, y se reglaron de tal manera que pudieran acercarse a más niños/as. 

Durante la Guerra Civil española estas colonias escolares cumplieron otro papel igual de importante, fueron refugio para los/as niños/as de los puntos más castigados por la guerra y el hambre. Se situaron en territorio republicano, principalmente en la zona del Levante y Cataluña, así como otras zonas del interior.

Sirvieron, tanto de sitio de refugio, como lugar en el que los/as niños/as pudieron continuar recibiendo formación educativa. A cargo de estas colonias se situaban maestros/as de la República. Los/as niños/as podían ser acogidos por familias de la zona y luego acudían a las sesiones de formación, así como, quedarse en instituciones colectivas donde convivían.


Según la guerra y la miseria fueron avanzando el número de niños/as en las Colonias Escolares aumentaron, y al final de la misma, muchos de ellos/as no pudieron regresar a sus hogares, o quedaron huérfanos. Su destino fue el ingreso en orfanatos, quedar con sus familias adoptivas, o emigrar a zonas aliadas del bando republicano, la gran mayoría a Rusia.

Esta gran iniciativa, pensada y llevada a cabo por renovadores de la educación, que buscaban lo mejor para los/as niños/as, paradójicamente, terminó con el drama de la migración y la soledad para muchos/as de ellos/as.

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