Simplemente con el
comienzo del documental, en el que se relata brevemente el testimonio de una
niña de la guerra, se puede dar un primer vistazo general a lo que supuso la
educación durante la Segunda República española (1931-1936/39 según diferentes
autores) y lo que ocurrió con el final de la guerra.
Habla de un colegio
público en Madrid con gimnasio, piscina y actividades artísticas, (hoy en día
es complicado encontrar un centro público en esta ciudad que posea esas
características), que sus protagonistas tuvieron que abandonar con el inicio de
la guerra, para exiliarse, y posteriormente, a su regreso, con el final de la
guerra y el triunfo de las tropas franquistas no volver a estudiar.
Está claro que la
educación es un arma muy poderosa, “no hay revolución que no lleve en sus
entrañas una reforma pedagógica”, tanto el potenciar una educación plena y rica
como privar de ella es algo que sucedió en los años treinta del siglo XX
español.
Con el alzamiento en el
año 1931 del la República, y durante el primer bienio, se puede decir que se dio
la Edad de Oro de la pedagogía
española, donde se llevaron a cabo reformas en el sistema educativo.
La escuela pasaba a ser
laica, obligatoria y gratuita, era una atribución del estado, y su objetivo
contenía ideales de solidaridad.
A parte de todo lo
anterior, se potenció la construcción de escuelas, y se propagaron las misiones
pedagógicas, cuyo objetivo era acercar la educación y la cultura a las zonas
rurales más desafortunadas, donde el número de alumnos en las aulas se multiplicó.
Todas estas mejoras en
la educación necesitaban de una potente inversión económica, pero qué mejor que
invertir en las bases de un proyecto de futuro de un país que quería algo más.
Todos estos deseos se
vieron truncados con una Guerra Civil devastadora, que se llevó por delante
muchas ilusiones, muchas mejores, muchos avances, muchos maestros y muchos
hermanos.

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