El
movimiento de Escuela Nueva, que surgió a finales del siglo XIX, nació
como confrontación a una escuela tradicional, autoritaria y formalista,
predicando un nuevo tipo de metodología educativa participativa,
práctica, motivadora... Muchos fueron los protagonistas de este
movimiento, pero me he querido centrar en el figura de María Montessori,
una mujer digna de ser conocida por sus muchas aportaciones a la
ciencia, filosofía, psicología y educación.
«El niño, con su enorme potencial físico e
intelectual, es un milagro frente a nosotros. Este hecho debe ser transmitido a
todos los padres, educadores y personas interesadas en niños, porque la
educación desde el comienzo de la vida podría cambiar verdaderamente el
presente y futuro de la sociedad. Tenemos que tener claro, eso sí, que el
desarrollo del potencial humano no está determinado por nosotros. Solo podemos servir al desarrollo del niño, pues este se
realiza en un espacio en el que hay leyes que rigen el funcionamiento de cada
ser humano y cada desarrollo tiene que estar en armonía con todo el mundo que
nos rodea y con todo el universo».
Maria
Montessori.
Los principios en
los cuales se basa la
propuesta educativa de Maria Montessori, llegaron de la mano de una
observación
directa del comportamiento de los/as niños/as en sus actividades sin
supervisión. En ellos me gustaría destacar el enorme potencial de los/as niños/as de
absorver conocimientos de manera ilimitada, de aprender determinados
caracteres de manera concreta, la adecuaciónde espacios para ellos/as,
para que puedan desarrollar su actividad de la manera más adecuada con
todos los estímulos necesarios, y todo ello, comprendido y acompañado
por la figura del adulto como guía o facilitador, como acompañante de
camino, y así motivar su curiosidad y hacerles el protagonista de su
propio aprendizaje.
Transmitir a los/as niños/as que
son los agentes principales de su actividad, es uno de los pilares de
este sistema, intentar que el/la niño/a sea independiente, que sea
capaz de darse cuenta de sus errores y de sus éxitos.
Montessori da, también, mucha importancia a los materiales didácticos a la hora del descubrimiento de los/as niños/as, materiales simples y autocorrectivos que ensanchen la curiosidad y la imaginación.
Yo no soy maestra,
ni pedagoga, pero creo que los espacios y contenidos dedicados a la
enseñanza de Educación Infantil sí están adaptados a las necesidades de los/as niños/as, de
la misma manera que los materiales didácticos, aunque sí es verdad que,
quizá, deberían aplicarse de manera más adecuada los principios de María
Montessori. Del mismo modo que, en un aula de Educación Infantil, o
Educación Primaria no debería haber un número superior a 20 niños,
número que ya me parece excesivo, para que el maestro/facilitador pueda
dar una atención individual a cada niño, cosa que, si no me equivoco, no
ocurre hoy en día.
El movimiento de
Escuela Nueva, y María Montessori, propusieron grandes mejores en la
educación, pero aún queda mucho camino para llegar a la manera idónea de
hacer florecer a los/as niños/as, que son el futuro de nuestra sociedad.
